Por Guillermo Ward Director Colectivo Zeta Chile Stanisvlaski [1] dice que a pesar de lo diverso que puede ser el público en una misma función, en algunos momentos de montajes bien logrados, existe un instante en que todos los que participan de él se hayan conectados. Esa situación instantánea de conexión, que se va urdiendo a medida que avanza la obra, Peter Brook [2] la define como Pez Dorado, especificando que ese “es el instante, la millonésima de segundo en que actor y público se relacionan estrechamente, como en un abrazo físico”. Agrega que “Lo que cuenta es la densidad, el espesor, la multiplicidad de capas, la riqueza; en resumen la calidad del momento”, y que solo el que ha vivido este momento entiende por qué el teatro no ha muerto y porque vale la pena dedicarse una vida a él. “ El Pez Dorado es al fin de cuentas el objeto último y la aspiración creadora del actor…, este nivel...
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