Antecedentes Históricos
Va pa' mar,
pa' mar adentro y son los madrugadores.
Allá van los
pescadores mar adentro a echar la red.
Pepe Gallinato[1]
Definición del borde costero de Iquique
El borde costero de la
región de Tarapacá es
uno de los más extensos de Chile. Involucra un territorio geográfico que va desde Pisagua por
el Norte (Comuna de Huara) hasta la desembocadura del río Loa por el Sur
(Comuna de Iquique) con 373 kilómetros de costa, posee playas,
dunas, bahías, penínsulas, promontorios rocosos, acantilados vírgenes, caletas
y puertos.
Ha
sido habitado desde tiempos prehispánicos por los Changos (Pescadores
artesanales), con una fuerte presencia de vestigios arqueológicos, tradiciones,
historias y leyendas registradas principalmente por historiadores, arqueólogos,
antropólogos y sociólogos de vasta experiencia con estudios del litoral
regional, como Lautaro Núñez, Cora Moraga, Jorge Checura, por nombrar algunos.
Los primeros habitantes
El norte de
Chile[2] identifica
a sus primeros habitantes del borde costero por los hallazgos y aportes de la denominada
Cultura Chinchorro (Arriaza, 2016)[3], constituida
por grupos de indígenas cazadores y recolectores, quienes desde hace más de 8
mil años antes de Cristo, se asentaron en las costas nortinas, pródigas en
productos marinos y cercanas a fuentes de agua dulce, dejando huellas evidentes
de su existencia y forma de vida (Momias y ajuares mortuorios).
Además de los Chinchorros, existió
también un pueblo más disperso y rudimentario, los Changos (Castro, 2001)[4], que habitaron la costa del Norte de nuestro
largo Chile, desde Arica al Río Choapa, alcanzando algunos grupos hasta la zona
del Aconcagua, siendo Iquique el lugar donde hubo más concentración de Changos.
La denominación de Changos o
Camanchacos[5] ha servido para agrupar a los diversos pueblos costeros prehispánicos que habitaron la zona comprendida entre Camaná (Perú) y el río Elqui (Chile) en la costa de
Sudamérica, llegando a comprender sectores como Boca del Río, La Yarada,
Ite, Arica, Iquique, Tocopilla, Paposo y Taltal.
Se dedicaban principalmente a la pesca, se agrupaban
en pequeñas familias y rendían culto a los muertos, a los que enterraban
junto con sus herramientas.
Aunque los Changos fueron los más
atrasados y pobres del litoral, demostraron gran destreza para aprovechar los
recursos que les brindaba el mar. Como diestros
pescadores nómades se movilizaban de un punto a otro en livianas y ágiles balsas
hechas de piel de lobos, con las que recorrían caletas, islotes, loberías, incluso
emprendían viajes mar adentro, aprovechando con habilidad los pocos elementos
de que disponían para sostener su existencia.
Fue un pueblo pacífico, de
organización básica, haciéndolos incapaces para defenderse y progresar. Fuertemente aferrados a sus formas de vida
simple y natural, aunque mezclados con otras etnias, y de mantener contacto con
pueblos más avanzados, no se dejaron influir por éstos. El mar los determinó y
mantuvo toda su escasa cultura.
Acosados por la civilización que
avanzaba rápidamente, sus rancheríos hechos con productos del mar fueron
desapareciendo de la costa. Los últimos Changos auténticos no pudieron vivir ya
en colectividad. Se ocuparon en los puertos, principalmente en los embarques salitreros,
desempeñándose en labores portuarias o continuar todavía en la pesca, incorporados ya, por mucho que no lo quisieran, al tráfico civil en el litoral.
Sus descendientes, mejor adaptados
continuaron llevando vida de jornaleros en los puertos, algunos de ellos se
ocuparon en las faenas de extracción del caliche en la pampa. De este modo se fue
disgregando, hasta perder su identidad el viejo pueblo de pescadores del Norte.
La nueva realidad costera
El sociólogo Víctor Guerrero Cossio de la
Universidad Arturo Prat de Iquique, hace referencias en la revista Diálogo Andino (2016)[6], que la zona costera sur de
Iquique presenta distintas características, problemas y conflictos, además de
un cambio en las relaciones entre los sujetos, debido a la multiplicación de
intereses sociales y acciones económicas registradas en los últimos veinte años,
las que comienzan a desatar tensiones crecientes por el usufructo de la
naturaleza. Esta nueva realidad social se ha manifestado en el orden pesquero
artesanal (Caletas de pescadores), en las actividades portuarias para embarque
de minería metálica y no metálica (Sal y cobre), en el transporte aéreo (Aeropuerto
Diego Aracena), en el plano industrial (Minería y pesca) y en el turismo (Restaurantes
y centros recreativos).
Dice
Guerrero, basándose en Simmel (Lash y
otros, 2018)[7] quien contrapuso las interacciones sujeto-sujeto de la modernidad
a las que se conocían en las sociedades tradicionales, “que en la modernidad, las interacciones son pasajeras, intensas y
diversas (son muchos y muy diferentes), mientras que en las sociedades
tradicionales fueron de larga duración, difusas y uniformes (con otros pocos y
similares). Hoy los asentamientos
humanos relevantes son más numerosos y diversos que hace diez años.”
Perfil del habitante de las caletas pesqueras
Un
trabajo de este mismo autor publicado en 1998[8],
daba cuenta del perfil social que registraban los pescadores artesanales hace
veinte años, realidad que ha cambiado y que Guerrero ha actualizado su
caracterización[8],
que a nosotros como teatristas espontáneos nos ha servido de antecedentes para el
análisis de las narraciones orales de
los asistentes (público) a nuestras funciones de El Pez Dorado.
El
estudio sociológico indica “cambios en la
realidad social de los asentamientos, haciéndolos de superior complejidad,
transformada por las nuevas actividades económicas, por flujos laborales y
residenciales, pero también por la intervención estatal y la influencia de un
mundo globalizado, generando un contexto que propicia un nuevo cuadro de
relaciones sociales y la generación de condiciones que varían el perfil del
pescador artesanal”:
a. Migración estacional.- La población
artesanal pesquera ha disminuido sus anteriores largas migraciones, tendiéndose
a su establecimiento en las caletas o bien manteniendo viviendas en la ciudad
de Iquique, desde donde se desplazan diaria o periódicamente a los centros de
extracción.
Las
nuevas condiciones materiales y acceso tecnológico permiten que los pescadores
generen mejores condiciones de habitabilidad y bienestar familiar, permitiendo
un asentamiento más arraigado en la localidad.
b.
Dependencia económica.- Su relación asimétrica en el mercadeo que establecen con
compradores mayoristas no ha variado sustancialmente, persistiendo su carácter
dependiente. Es la conclusión a la que llegan la mayoría de los estudios en
esta área, existiendo cambios significativos principalmente en los medios de
transporte de los antiguos rematadores, hoy convertidos en medianos
empresarios. Estos sí mejoran sus condiciones de trabajo,
preservación de la producción y conexiones financieras con la banca local.
c.
Marginalidad social.- Sus estrategias de sobrevivencia y aproximación al mundo
global han variado significativamente, en especial por el acceso a la red
estatal y a las tecnologías de la comunicación. Han aumentado los niveles de
educación familiar por la maduración de los proyectos educativos municipales y
a la vez mejorado el acceso a la previsión social. Su falta de independencia
comercial y baja inversión en las artes de pesca no ha reducido
significativamente la inestabilidad salarial y escasa seguridad laboral.
d.
Problemas sociales.- Aún destacan los cuadros de alcoholismo y drogadicción,
acentuándose estos últimos por la presencia cada vez mayor del tráfico de
estupefacientes en la región. A la vez se mantienen cuadros importantes de
violencia intra y extrafamiliar, pero la red estatal aporta protecciones
sociales relevantes en esta materia, haciendo que las familias aumenten su
protección. Ha disminuido notoriamente la deserción e inestabilidad escolar,
así como la falta de medios y baja vinculación con el mundo externo.
e.
Concepción del mundo.- Persiste el énfasis en la realidad inmediata, pero con acceso a las
redes socio tecnológicas y con ello vinculación al mundo externo, aumentando y
diversificando sus expectativas como sujeto del siglo XXI. Esto ha permitido
aumentar sus capacidades de abstracción, perspectivas, planes y expectativas,
incrementando por ello sus capacidades de imaginar mundos futuros distintos.
La
nueva realidad social, la competencia por los recursos, el contexto globalizado
y la red estatal, han mejorado y ampliado su vida cotidiana, permitiendo a
estos sujetos trascender el “día a día” y moderar su desconfianza respecto de
los beneficios que no sean individuales e inmediatos.
Su
ética instrumental ha evolucionado a un carácter más complejo, conducida por
mayores niveles de competencia y sustentabilidad en su sector, promovidas por
el mercado y el Estado, respectivamente. Este mayor panorama y visión
trascendente de los beneficios individuales, directos e inmediatos, ha mejorado
en estos sujetos la comprensión y adhesión a cuadros más complejos, mediatos,
indirectos y colectivos, de la gratificación social.
f. Tecnología
y ethos laboral.- Mayor apertura a la introducción de técnicas y modos de
producir. Contradicción entre su perspectiva respecto de temas ecológicos.
Han
facilitado su sensibilidad ambiental las amenazas de competidores en el medio
costero, como los depredadores de la flora marina (Extractores de huiro), la
mayor temperatura del mar en las zonas inmediatas a los puertos e instalaciones
mineras costeras (Mineroducto de Cía. Minera Collahuasi), experiencias en
desarrollo sustentable (cultivos de ostras y ostiones) y exigencias ambientales
estatales en cuanto a la preservación de los recursos (Áreas de manejo).
La
razón ambiental contradictoria que mantiene la inhibición ecológica en sus
prácticas reside en la mantención de limitaciones económicas y tecnológicas
para asegurar su sobrevivencia, especialmente las trabas burocráticas (Vedas),
variaciones climáticas (Marejadas) y de mercado (Bajos precios).
g.
Perfil ocupacional.- Hay presencia de una mayor estabilidad y antigüedad ocupacional
en el área, lo que redunda en una mayor consolidación de sus prácticas
laborales y por tal razón de una producción de su identidad cultural.
Poblaciones
humanas provenientes de otros espacios ocupacionales, atraídos al sector por
desempleo u otro cese de labores en la ocupación original, se han asentado y
convertido en trabajadores del mar.
En el
marco del nuevo contexto existente en el borde costero, las poblaciones
laborales han producido un sistema precario de costumbres, valores y proyecto
colectivo acorde a la sociedad del siglo XXI, con sus virtudes y defectos. Hay una nueva estructura social, considerando
esta principalmente como la materialización de una pauta de conducta esperable
y legitimada por las acciones prácticas.
[1] Primeras estrofas de canción chilena, “Pa' Mar Adentro”. Autoría: Pepe Gallinato.
[2] Comprende las 3 primera regiones del país: Arica-Parinacota, Tarapacá y Antofagasta.
[3]ARRIAZA, Bernardo (2016): Cultura Chinchorro. Las momias artificiales más antiguas del mundo. Editorial Universitaria, Santiago de Chile.
[4]CASTRO R., Victoria (2001): Atacama en el tiempo. Territorios, identidades, lenguas. (Provincia El Loa, II Región). Anales de la Universidad de Chile, VI serie: Nº13, Agosto 2001
[5] Viene de la palabra camanchaca, que significa niebla o bruma, nubes de baja altura.
[6] GUERRERO C., Víctor(2016): Las recientes transformaciones en Iquique: el nuevo sujeto costero. Norte de Chile en Diálogo Andino, Revista de Historia, Geografía y Cultura Andina N° 51 pág.73-80, Universidad Arturo Prat.
[7]LASH, Scott y
Urry, John (1998): Economía de signos y espacios. Amorrortu Editores. Buenos Aires.
[8] GUERRERO C., Víctor“Transformaciones en los asentamientos rurales: el caso de Iquique”, Última Década, 1998, pp. 4-5.




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